Parece que fue ayer (pero tengo pruebas de que no lo fue)

12/3/20252 min read

Toda la vida escuché la frase:
“Parece que fue ayer…”
y, honestamente, nunca le puse mucha atención.
Me sonaba a comentario de gente mayor, como de tía en Navidad o de abuela nostálgica.
Pero esta semana… lo entendí todo.

Parece que fue ayer que viajé por el mundo sin Google Maps, que viví en otros lugares sin hijos ni pastillas para el dolor de espalda.
Parece que fue ayer que me montaba en bus para ir a las fiestas, que nos enfiestábamos hasta el amanecer, que me casé, que se murieron mi papá, mi amigo, mi perro.

Pero no.
Fueron veinticinco, dieciocho, once años atrás… 😳
¿Cómo puede pasar esto? ¿Cómo se va el tiempo así, tan callado?

¿Por qué mi cabeza insiste en guardar los recuerdos del 2000 como si hubieran pasado hace un par de semanas?
Hablo de historias con mis amigos como si hubieran sido hace tres meses… y fueron hace más de una década.
Recuerdo fiestas, desamores, viajes, canciones, olores… todo, con una claridad absurda.

Y, sin embargo…
nací en la época sin internet,
cuando los videojuegos eran Pac-Man,
el televisor no tenía control remoto,
y si te perdías tu programa favorito… pues te lo perdías.

Y sí: ya oficialmente soy “señora”.

La prueba fue esta semana, cuando una compañera nueva en el trabajo me preguntó:

— ¿Te puedo decir Lina?
— Claro, ese es mi nombre.
— Es que mis papás me enseñaron a decir “señora” a las personas mayores. Así que pensé que tal vez debía decirte Ms. Lina (porque aquí en Estados Unidos así se dice).

¿Perdón, QUÉ?

Casi me salgo de mí.
Ella lo dijo con una dulzura, tan espontánea, tan ella…
y yo, a punto de que se me subiera la presión.

Porque en mi cabeza, sigo siendo la que no sabía cocinar arroz y pensaba que las 3 a.m. era temprano.
Pero ahora tengo esposo, dos hijos, dolores de espalda con nombre propio,
y organizo mi vida entre oficina, tareas escolares y citas médicas.

Aun así, me siento joven.
Mi alma sigue bailando en fiestas que ya no existen.
Sigo creyendo que tengo veintitantos…
solo que ahora la música fuerte me estresa y me da calor sin motivo.

Así que sí: el tiempo pasa.
Pero en mi cabeza, todo sigue fresco.

Quizás todas llevamos nuestros “ayer” pegados como imanes en la nevera: medio viejos, algo torcidos, pero todavía vivos.
Tal vez no se trata de olvidar cuánto ha pasado…
sino de no dejar morir las partes de nosotras que siguen vivas por dentro.

Seguramente, desde ahora diré más seguido:
“Parece que fue ayer…”